La investigación dio un giro substancial cuando al expediente se sumó la declaración de una segunda denunciante: Karina del Valle Urquiza (de 22 años) exhibe en su pecho una evidencia indeleble de los sádicos rituales que se realizaban en el monasterio Osiris; la quemadura de un crucifijo incandescente que le apoyó en la piel su ex marido, Fernando Salazar durante "una sesión de exorcismo".
Karina conoció al místico mexicano en 1988, cuando éste dio en Córdoba una conferencia sobre ovnis y culturas mayas. Después de un año y medio de noviazgo, deciden contraer matrimonio. Era verano de 1990. Para que fuera su esposa, Salazar le impuso como condición que ingresara como misionera al monasterio de Capilla del Monte. "En plena luna de miel -cuenta Karina- se le ocurrió que yo tenía demonios y me exorcizó. Estábamos a punto de dormirnos y me dice que me veía como un monstruo, que me debía purificar. Por la fuerza, a empujones, me llevó al templo y llamó a los demás. Empezaron a tirar baldazos de agua. Me tenían, decían oraciones, conjuras. Fernando le ordenó a una de las mujeres sostener una vela. Hizo calentar la punta de una espada y me la apoyó en la cabeza. Me hizo acostar, me tiró agua. Después me dijo que tenía que recibir a Cristo. El tenía una cruz colgada en el pecho, se la sacó, la hizo calentar y me la aplicó, eso es la cicatriz que tengo (muestra la marca de una profunda quemadura en forma de crucifijo)".
Tras explicar que "la gnosis no permite que ellos (los líderes) sean solteros", Karina puntualizó que "aunque resulte increíble, en 7 meses de casados tuvimos (con Salazar) relaciones sólo en diez oportunidades". |