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<  Víctimas de Maltrato, Abuso y Hostigamiento Sexual  ~  Fui maltratada, raptada y abusada sexualmente

M.G.
Publicado: Lun May 26, 2008 2:16 am Responder citando
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Registrado: 26 May 2008 Mensajes: 17
Quiero compartir con todas las víctimas de abuso sexual que entren a este foro el trauma de mi rapto-violación y sobre los abusos a los que luego consecuentemente fui expuesta. Yo soy víctima de abuso sexual, el maltratante y abusador sexual es el líder de un grupo religioso. No voy a entrar en detalles sobre las prácticas o creencias del grupo religioso al cual pertenecí, por lo cual estoy publicando mi testimonio en esta sección de Víctimas de Maltrato y no en la de Grupos Totalitarios.

Con una vida de marcado sufrimiento desde muy niña, pues fui víctima de maltrato institucional, me refugiaba en Jesús, pues escuché un día a una maestra decir que El había muerto por amor a mí y amor era lo más que necesitaba. Así que desde niña Jesús se convirtió en mi héroe, mi sueño e ilusión. Por lo tanto, siempre pensaba en El por encima de cualquier maltrato.

Yo era bien joven e ingenua, me caracterizaba por tener una personalidad bien inocente. Muchas personas me lo decían. Andaba en búsqueda de ser mejor persona, me sentía sola y terminé desde bien joven casada y divorciada en menos de un año, pues no aguanté por mucho las infidelidades y el maltrato por parte del que fue mi esposo y de hecho los sufrimientos emocionales fueron tantos que provocaron en mi un aborto durante el tercer mes de embarazo. Pero mi relato no es sobre ese episodio de mi vida, pues el peor de los maltratos que sufrí lo pasé en manos de una persona que no fue mi esposo.

Frustrada cuando me divorcié quise refugiarme en un grupo religioso; pero para mala suerte conocí a unas personas que se me mostraron como las que me ayudarían a alcanzar todos mis sueños espirituales, pues quería entender más sobre la vida de aquellos que según lo que escuchaba habían llegado a comunicarse en vida con Jesús, su Madre, los santos y ángeles. Vivía soñando con un mundo muy diferente al real, quería vivir en el Cielo no en la Tierra, eso me decían todos los que me conocían. Las personas que conocí que se me mostraron como las que me ayudarían a alcanzar mis sueños de toda la vida hasta entonces, me convencieron de que iba a poder lograr a alcanzarlos si me hacía miembro de un grupo religioso que seguían las directrices de un santo vidente. Yo me emocioné muchísimo, pues era para mí el lograr alcanzar la felicidad que tanto andaba buscando. Lo que no sabía es que me iban conduciendo directamente hacia una gran trampa del mismo demonio. Yo crecí siendo una persona que ponía muy en alto la palabra de honor. Mi palabra de honor para mí era sagrada y el jurar por Dios era algo que estaba fuera de toda posibilidad. Las personas que me invitaron a unirme a ese grupo eran mucho mayores que yo, al igual que el santo vidente, que para mí era casi de la misma edad de mi padre. Yo confiaba completamente en las personas mayores que me invitaron y como estas personas me habían dicho que conocían bien al santo vidente del que me hablaban, yo me dejé dirigir por ellos confiando al igual que una niña confía en sus padres.

Cuando conocí a este santo vidente confié más en la orientación de todos los que consideraba personas mayores que en mi propia intuición, pues él no me pareció humilde; pero yo me reconocía una niña ingenua e ignorante. Así que comencé por someterme a todo lo que me dijeran, por encima de mis propios valores, pues jamás hubiese jurado por Dios sobre una Biblia para tener que ser aceptada en grupo alguno, pero como me prometían el que alcanzaría mis sueños me sobrepuse a mis principios y juré, atándome mentalmente a unas cadenas poderosas de las cuales no me podría soltar y mucho menos con la persuasión de los discursos del supuesto santo vidente y luego con el terror a la condenación, a las catástrofes, maldiciones y profecías que él comenzaba a infundir en todos los adeptos. Con el tiempo las exigencias iban aumentando y la admiración que sentía por el santo vidente, llamado Juan. Su papel de instructor me hacía verle y tratarle a modo como si fuese mi padre, sentía por él cariño paternal. Yo carecía de enlaces y referencias sociales, puesto que ningún familiar mío estaba interesado en pertenecer a la Misión, pero la soledad fue una parte constante en mi vida. Puse muchísimo interés en aprender lo más que podía del líder, pues la ilusión de alcanzar aquél mundo de felicidad era mi ilusión. Yo creía que él tenía el conocimiento y las habilidades necesarias para educarme y lo veía como mi protector. Pero la verdad es que todos los miembros del grupo casi lo idolatraban.

Todos creían que él era superior en todos los niveles a un ser humano normal y él se tomaba la libertad de insultar, y hasta de castigar a quien no cumpliese con las mínimas exigencias del grupo, que eran muchísimas. En poco tiempo me vi completamente controlada, tenía que reportar lo que hacía a toda hora. Me entregaron un itinerario de trabajo que incluía lo que haría aún durante las horas en que no estuviese trabajando durante el día. Todos teníamos que trabajar para poder pagar los gastos que teníamos para poder cumplir con la misión del grupo que conllevaba compra de materiales para poder regalarlos o utilizarlos con grupos comunitarios que teníamos que formar, para pagar actividades, gastos en transportación, gasolina, etc. El trabajo "voluntario" dentro del grupo era extremadamente extenuante, pues uno salía de su trabajo para inmediatamente comenzar a dedicarse a cumplir con todas las encomiendas de trabajo que le exige a uno ese grupo, todos los días. Gran parte del salario se le iba a uno en los gastos. Yo tenía que informar semanalmente todo lo que había hecho y dejado de hacer todos los días, incluyendo las horas. Tenía que reportar si había cumplido o no con las exigencias de sacrificios y compromisos que me habían impuesto. Sin darme cuenta mi vida se encontraba completamente vigilada y controlada. También fui expiada por otros miembros cuando el santo vidente lo ordenaba. Yo sentía gran admiración hacia el santo vidente, porque pensaba que él era mi protector y porque creía que él era verdaderamente un santo hombre.

Así, poco a poco me fui acercando a él, obedeciendo sus instrucciones y haciendo todo lo que él me recomendase hacer. El mostraba a veces mucho interés en mí, pero él acostumbraba a ridiculizarme con frecuencia y humillarme frente a otras personas y luego me decía que era porque quería purificarme como se hace con 'el oro en el crisol'. Yo verdaderamente creía que era un proceso para que yo pudiese lograr alcanzar ser mejor persona, más santa, así mi ilusión podría algún día convertirse en realidad. Por otro lado, en muy poco tiempo todo el grupo se convierte en el único núcleo social y familiar de todos los nuevos integrantes. Estaba sumergida en una soledad mucho mayor que la anterior, pues no tenía verdaderas amistades dentro del grupo; más bien todos velan los unos a los otros, unos evalúan a otros y la dinámica que se daba dentro del grupo estaba llena de muchísima tensión. Así ese hombre conoció mis intenciones, mis grandes anhelos y el altísimo valor que le daba a mi palabra de honor. El me prestaba suficiente atención como para ridiculizarme y castigarme frente a todos de vez en cuando y para premiarme con reconocimientos de vez en cuando. Para cumplir con los reglamentos del grupo tenía que trabajar mucho y me esforzaba muchísimo pensando que era que estaba llena de defectos. En vez de cuestionar y defenderme justificaba al padre mayor de todos los miembros del grupo, yo era la que tenía los problemas, la que tenía que cambiar para ser mejor persona.

La verdad es que mi esfuerzo llegó hasta el punto de perder noches enteras trabajando sin dormir en ocasiones y él nos hacía creer que eso tan solo lo podía hacer una persona que estuviese creciendo espiritualmente por causa de unos dones especiales que iba adquiriendo. A todo lo que se salía de la norma lo llamaba sobrenatural y hacía creer a todo el mundo que uno estaba entrando poco a poco en el mundo al cual yo tanto quería entrar. Hoy me doy cuenta de que cuando uno entra en una dinámica de este tipo, uno no se va dando cuenta de que se ha convertido en víctima de maltrato. El era más inteligente que otros maltratantes puesto que si uno le acusase él, sale inocente, puesto que confunde a las personas a tal grado que todos terminan imponiéndose los castigos por sí mismos. El no le pega a nadie; pero hace que todos se peguen a sí mismos. Los manda al frente y la persona que recibe un castigo se lo impone y cumple con un castigo físico por obediencia. Por ejemplo, yo no soporto comer nada picante, pues a mí me hizo en varias ocasiones comerme ajíes y ajos crudos enteros como castigo delante de todos, a parte de la vergüenza y la humillación pública. El aparentemente no satisfecho con esos castigos luego se inventé el hacer a otras personas comer insectos. Una vez él obligó a un muchacho a que se arrodillase sobre algo que por el peso del cuerpo le cortaba la piel. El estuvo arrodillado hasta que sus rodillas sangraron. Igualmente él no le daba latigazos a las personas; pero los miembros del grupo se daban latigazos a veces con púas de hierro en las puntas. También las personas tenían que usar púas de hierro enterradas en el cuerpo, de vez en cuando como práctica, aparte de pasar días sin comer o dormir.

¿Cómo es que no nos dábamos cuenta? ¿Por qué todos creíamos ciegamente en la santidad de aquél hombre? El problema era la confusión que existía al ver como personas con malos hábitos cambiaban, se transformaban en personas aparentemente sanas y sin vicios, un drogadicto dejaba de ser drogadicto, el alcohólico se sobreponía a su vicio, el que practicaba el sexo libre se arrepentía y cambiaba a una vida de castidad al entrar en el grupo. Todo eso les hacía creer a todos que el cambio de conversión era evidencia de que aquél hombre era un hombre de Dios. También todos creían que le fallaban a la Fe y a Dios si dudaban, porque el líder mayor decía que tener Fe era creer sin cuestionar ni entender. Otra de las razones eran los supuestos milagros increíbles y otra razón era los testimonios de los que él dejaba que se acercasen a él y los presentaba ante todos como los que le conocían verdaderamente, porque eran los únicos que él permitía que le viesen hablando con él en público. Sucede que estos eran los que él escogía como sucesores de él en rango y él expresaba a todos los demás las cualidades especiales y superiores que estas personas cercanas a él tenían por encima de los demás miembros. Sucede que estas personas lo idolatraban y él casi lo hacía delante de todos con ellos, aunque a veces les llamaba la atención delante de todos de tal manera que todos sabían que él era el líder superior y mayor. Eso tenía confundido a todo el mundo en el grupo y por otro lado, ese hombre nos imponía a todos la obligación de convencer a otras personas que el grupo era bueno, por lo tanto se daba un juego mental en uno, pues se veía uno diciendo a muchas personas que ese hombre era un santo vidente que podía llevar a todo el mundo a un cambio hacia una vida de felicidad descubriendo el camino para entrar a vivir dentro de un mundo sobrenatural.

Ese hombre jugaba con la mente de muchísimas personas. Y yo fui de las más afectadas; aunque no sabía los maltratos a los que sometía a su esposa e hijos. Eso nadie lo sabía, en vez él mantenía a su esposa fuera del grupo con la excusa de que estaba mal de la mente. Nadie dudaba de lo que él decía. Ese hombre entrenaba a todos los miembros del grupo con unas prácticas o ejercicios especiales necesarios para uno poderse superar y transformar en seres especiales, capaces de llegar a entrar en el mundo sobrenatural de especial espiritualidad, estas prácticas eran llamadas 'los ejercicios de mortificación del entendimiento'. El ejercicio consistía en un día hacer exactamente todo lo contrario a lo que deseasen. Cada vez que quisiesen hacer algo, hacer lo opuesto. Según él para poder alcanzar llegar a ese mundo soñado y para uno convertirse en un ser con capacidad para traspasar del mundo material al mundo sobrenatural uno tiene que desarrollar una obediencia perfecta hacia Dios y de la única manera es siendo uno capaz de llegar al punto de hacer lo contrario a lo que uno quiere hacer. Parece increíble y hasta de locos, pero en mi inocencia y por considerarme tan imperfecta creí en lo que él decía. Y no era la única que lo hacía, lo hacían también muchísimas personas pertenecían al grupo, doctores, abogados, de todas las profesiones. No éramos personas brutas, éramos personas con Fe e ilusiones, en búsqueda de un cambio en nuestras vidas. El nos repetía a todos algunos extractos del Evangelio. Uno que repetía mucho era el que si nuestra Fe fuese tan pequeña como un grano de mostaza hasta un monte se movería. El sabía que según mis valores, para mí el jurar era una condenación a un compromiso inquebrantable. Al descubrir esto me mandó a jurar nuevamente por Dios que yo no podía decir nada en absoluto a nadie, sobre la especial amistad que él tenía conmigo, me hizo jurar eso a parte del juramento que por Dios hice el día en que entré en el grupo que él creó, grupo que él asegura fue creado por una misión que le fue dada a él de parte de Dios a través de una aparición. El me dijo que jurara por Dios, yo le dije que no era necesario, que no iba a decir nada; entonces, él insistió y no me quedó más remedio que en obediencia jurar por Dios nuevamente. Lo hice porque una de las cosas que él enseña y repite mucho dentro de su indoctrinación es que para alcanzar dar los pasos que llevaron a uno a la finalidad ilusoria que andaba buscando, osea la plenitud, según él la llama, uno tiene que practicar la 'obediencia perfecta' hacia la persona asignada a supervisar y dirigir a uno dentro del grupo; porque todos en el grupo tienen supervisores que van subiendo en cadena hasta llegar a él. El es el último eslabón de la cadena de todos los supervisores, los cuales son llamados padres espirituales. Osea todos son padres con hijos que a la vez tienen hijos. Juré porque siendo él el padre mayor, entendía que la obediencia hacia él tenía que ser excelente. Además él me decía que tenía que ser como la Virgen María, esclava perfecta que no preguntaba, tan solo obedecía. Por años él se había encargado de que eso fuese parte integral de mi personalidad y se aseguró de que ya eso yo lo estaba practicando.

Era tanto mi esfuerzo por seguir sus instrucciones y él lo sabía, por lo tanto, cuando me pidió que jurara, aunque traté de persuadirlo para que no me exigiese jurar, no lo cuestioné ni le discutí cuando insistí y accedí; pero como él sabía que jurar por Dios era para mí terrible, me dijo que yo tenía que jurarlo pero por Dios; y por mi sentido de obligación a obedecerle, lo hice. Cuando hice el juramento estaba tratando de ajustar mis pensamientos, pues había estado tan segura de que él era un santo, un ser especial y yo estaba teniendo el privilegio de estar cerca de un genuino vidente santo. Yo me encontraba en un estado de negación. El quería que no le contara a nadie que él me hablaba directamente y me daba instrucciones en privado. Pasaron unas semanas y un día me dijo que me iba a llamar para darme instrucciones. Pensé que finalmente iba a tener la oportunidad de hablar con él y hacerle preguntas sobre qué hacer para poder ser más santa e ir entrando en ese mundo soñado y prometido de Dios del cual me habían hablado. Luego me aclaró que me llamaría en la madrugada, a las tres y que tenía que estar preparada para salir, pero que mis padres y toda mi familia tenían que estar durmiendo. Pensé que él no quería que nadie pensara que me iba a recoger para algo indebido o que quizás nadie debía saberlo. Cuando me llamó a esa hora tuve que salir afuera de mi casa según su instrucción. El pasó en el carro y cuando entré lo primero que me dijo, todo alterado fue que tenía que bajarme y meterme debajo del "datch", algo que consideré sumamente humillante. Osea él me estaba raptando. Yo estaba bien angustiada, pero a la vez bien desorientada y confundida, pues él era para mí, mi padre protector, y me estaba haciendo eso. En medio de la trayectoria le preguntaba si ya podía sentarme en el asiento, histórico me decía que me mantuviese ahí. Vi que no podría hablarle a él. Luego noté que entré su carro en una marquesina, él me había llevado a su casa. Le pregunté donde estaba e ignorándome me dijo que me mantuviese allí hasta que él me dijese, cuando regresé, después de haberle puesto el candado al portón, me abrió la puerta del carro después de abrir la puerta de la cocina, de tal manera que si alguien miraba desde la calle hacia la casa no podría verme, pues la puerta de la cocina que daba a la marquesina me tapaba a mí y a la puerta del carro. Me hizo bajar del carro añangotada, para hacerme entrar por la cocina. Su familia estaba en Sabana Grande. Cuando entré en la cocina, aún bajo mi ignorancia, todavía yo creía que íbamos a hablar. Sin embargo, no fue así y sobre el resto no hay que dar más explicación... Cometí el acto y poco le importó mi llanto, no creo que se diese ni cuenta. Antes de que amaneciese me llevó a mi casa nuevamente, sin explicar y haciéndome bajar a esconderme debajo del "datch". Quedando yo aturdida, sin entender y en obligado silencio. El sabía que yo no rompería el juramento y que yo era incapaz de hacerle daño a nadie, a conciencia. Pues me había hecho creer que las personas no entenderían y les haría mucho daño. Además yo sabía que nadie me tenía en alta estima, al contrario con tantas vergüenzas y castigos soportados frente a todo el grupo mi reputación no era la mejor, en cambio a él todos casi lo idolatraban.

¿Quién me iba a apoyar? Me sentía desolada, destruida y completamente acorralada. Mi autoestima estaba por el suelo. Me sentía demasiado débil de carácter y sin fuerza para reclamar nada. En ese momento estaba pasando por un estado de shock y confusión mental. Encima de eso el juramento a Dios y la confusión por causa del indoctrinamiento y creencias impartidas a través de las enseñanzas de Juan me encarcelaban como si estuviese en un calabozo, sin posibilidad alguna de poder escapar. Me confundía el hecho de que hablaba tanto y tan bonito de Dios y como era que pudiese hacerme cosas como las que hacía contra mi persona, que engañase a tantos y mintiese. El abuso sexual se extendió por varios años. Si me le revelaba, me humillaba y castigaba frente a todo el mundo. Muchos ex-miembros del grupo recuerdan mis humillaciones, algunas fueron muy vergonzosas. La humillación más traumatizante la sufrí un día en que lo cuestión frente a unas pocas personas preguntándole porque él no hacía la labor degradante que le había pedido al resto del grupo, pues yo quería gritarle a todos lo que él me hacía; pero sabía que no podía no tan solo por el juramento, sino también porque no sentía el apoyo de nadie y no había persona que me hablase, pues él fue enajenándome de todo el mundo. Como consecuencia él se molestó conmigo y con ira me obligó a recoger excrementos de vaca sin guantes, frente a todos los miembros del grupo, por media hora, hasta que a él se le quitara el coraje. Quien me conoce sabe la increíble repugnancia que hacer eso me causaba.

A la vez que abusaba de mí se dedicó a la tarea de ir convenciendo a todas las personas del grupo de que yo estaba algo trastornada, a mis espaldas y también daba instrucciones a todos de que nadie me escuchase, pues aparentemente yo estaba posesionada por el diablo y podría afectarles a todos la Fe en Dios. El había destruido mi vida minándola con torturas físicas, mentales y emocionales; la había convertido en un verdadero infierno de la cual no sabía cómo salir ni escapar. Era una horrible cadena mental la que me tenía atada. Mientras estuve cumpliendo con tan humillante castigo, nadie me miraba con deseos de defenderme, al contrario las miradas de todos eran acusatorias. Para aquél tiempo, ya yo era para todos casi un demonio que debía ser rebajado y humillada. Cuando abusaba de mí intentaba hacerle preguntas para entender lo incomprensible, pero me despachaba inmediatamente como siempre, como si mis sentimientos no importasen en lo más mínimo. Me viraba la cara o sencillamente me enganchaba el teléfono cuando intentaba establecer algún diálogo acerca de lo que me hacía. El pretendía que le obedeciera como una verdadera esclava, sin cuestionar. A solas, en mi cuarto pasaba las noches en terrible agonía. En medio de mi dolor le rogaba a Cristo, a Dios y a la Virgen que por misericordia me quitaran la vida. Inclusive un día, en el cual fui obligada a trabajar en un taller que tenía el grupo en un monte, me escabullí y me acerqué a un risco con la intención de suicidarme; pero me detenía el terror de la condenación en el Infierno con tormentos aún más insoportables. Gracias a Dios que eso me detuvo porque hoy he logrado rehacer mi vida felizmente. Pero aquél tiempo sufrí una tortura inimaginable e inaguantable, durante el día realizaba todas mis tareas, pero sentía un dolor constante en el pecho que no se me quitaba.

Constantemente oraba y a veces creaba oraciones para tranquilizarme y consolar mi alma. Un día en una reunión con el grupo, tuve que salir y me metí en el baño del local a llorar porque no podía más. Tarde tanto que mi madre espiritual me fue a buscar al baño y me pidió que saliese pues tenía que participar de la reunión. A veces durante las reuniones de hijos espirituales le decía a mi madre espiritual que sentía como si siete espadas estuviesen atravesándome el corazón constantemente, ella no entendía; pero a veces yo creía que ella algo se imaginaba. Gracias a Dios que ella siempre fue muy buena conmigo, era casi la única en todo el grupo que sentía por mí afecto y eso toda la vida se lo agradeceré. Desgraciadamente ella está atrapada aún en ese grupo. Recuerdo como en varias ocasiones, al quejarme con ella por los fuertes dolores en el pecho y mis constantes ganas de llorar a cada rato, me decía: “Carga tu cruz como Cristo lo hizo. Créeme que Dios te coronar en forma muy especial en los Cielos”. Ella no sabía lo que me estaba diciendo. Mi madre espiritual era mi consuelo; porque me brindaba amistad y me escuchaba. Me sentía valorada por ella, me apoyaba y quería como verdadera amiga. Es que ella es la esposa del sucesor directo de el santo vidente, la persona que él ha nombrado como líder mayor de entre los hombres del grupo que él formó. El se comunicaba frecuentemente con ella y manifestaba públicamente su relación amistosa con ella. El se había encargado de dármela a ella como mi supervisora, mi madre espiritual. De esta manera él recibía información directa sobre lo que yo decía, hacía y dejaba de hacer en cuanto a la prudencia que él quería que yo guardase con respecto al tipo de relación que él tenía conmigo. En vez de vivir sobrevivía. Juan decía en sus charlas que el demonio no quería que cargáramos nuestras cruces como lo hizo Jesucristo, porque Cristo dijo: "Aquél que quiera imitarme que cargue su cruz y me siga." Por años pensé que tenía que aceptar ser torturada. Sin embargo, aunque sabía que debía cargar mi cruz, en mis oraciones seguía rogándole a Dios entre lágrimas que me quitara la vida por misericordia. Cuestionaba cual sería mi esperanza, me cuestionaba cual sería la vida que me esperaba. Veía en mi futuro sólo tormento. Los demás miembros del grupo notaban verme llorando con frecuencia; entonces Juan comenzó a inculcar en todos que una persona que es verdaderamente santa, ósea buena, siempre sonríe, está alegre y que el que sufre es por su vida de maldad y pecado. Obviamente yo no quería darle más pruebas a todos de la maldad que supuestamente yo tenía; por lo tanto, tuve que comenzar a esforzarme por sonreír y aparentar felicidad a pesar de sentir un constante dolor en el pecho.

En mi soledad y en mis oraciones me preguntaba cómo era posible que no cayese en locura. Para que me mantuviese sumisa, me decía que yo tenía que ser como la Virgen María, al obedecer al Angel Gabriel. Ella obedecí el mensaje de Dios, al obedecer lo que el ángel le dijo y él era un ángel. La Virgen María le contestó sencillamente y sin entender: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según Su palabra”. De la misma manera aprovechó para preguntarle sobre los 10 mandamientos y él me dijo que los mandamientos tuvieron que ser creados por Dios por el pecado del hombre y para los hombres, que como él pertenecía a otro plano, esas leyes no le aplicaban a él ni a mí por encontrarme en completa obediencia hacia él. Como él me hacía sufrir tanto y lo sabía, en privado me decía que era para llevarme al Cielo. Las pocas veces que me hablaba en privado me decía cosas como esta: que no podía confiar en nadie más que en mí; me hacía cuentos milenarios increíbles, que luego le contaba al resto de los miembros del grupo y éstos se sentían privilegiados por conocer esos misterios. Nadie sabe si ese hombre está verdaderamente trastornado o sencillamente se burla de todo el mundo. Parece increíble, pero para aquél tiempo, llegué a cuestionarme si era cierto lo que él me decía. Aunque me cuestionaba si él estaba algo desquiciado, puesto que un día comentó que en su trabajo le suministraron un examen psiquiátrico, como parte de las prácticas de la compañía con todos los empleados. Pero para mí él no se veía nada loco, mas bien él aparentaba hablar con mucha autoridad y honestidad. Estaba terriblemente confundida y no entendía. Mi ilusión de entrar en el mundo sobrenatural de Dios quedó frustrada y a él finalmente comencé a verlo tal y como él era. Pero todo fue un proceso. Sufría de una intensa lucha interior en contra de la indoctrinación, parte de ella incluía el creer ciegamente sin entender y sin hacer preguntas. Me sentía violada, pero él me repetía que fuera dócil y que no hiciera preguntas; que tenía que ser como la Virgen María con el Espíritu Santo, que obedeció a Dios a través del Angel Gabriel, sin pedir explicación. Sufría una gran tortura emocional. Nadie me iba a creer, sería un gran escándalo. No sabía cómo escapar ni que hacer.

La conducta de él conmigo era bien paranoica y enloquecedora. Muchas veces llamaba una primera vez y después que contestaba enganchaba el teléfono inmediatamente. Luego me llamaba nuevamente y muy molesto me decía que yo lo estaba grabando por teléfono. Con el propósito de intimidarle al igual que él lo hace con todos, un día le mencioné las palabras de Jesús en el Evangelio sobre los que juegan y cambian las enseñanzas de los Evangelios para adaptarlas a su conveniencia y luego enseñarlas así a otros para controlarlos confundiéndolos, al sacarlas de contexto. Le dije Jesucristo dijo que el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos y luego le añadí las palabras de Jesús en los Evangelios sobre los pedófilos y abusadores sexuales. Le dije: “Jesús dijo, al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar”. Luego se volvió más violento hacia mí, yo no podía más y la que era mi madre espiritual conociendo que era demasiado lo que estaba sufriendo y ya ella sabía que él era el que me estaba haciendo daño, ella me dijo que me quería como a una hija y que por una hija ella estaría dispuesta a luchar con uñas y garras y que lo llamaría en esos instantes. Nunca olvidaré su gesto y sus palabras. Ella lo llamó y pele con él, pero lo único que ella logró fue el que él me trasladara a otra supervisora bien fanática, que se negaba a escucharme por miedo a que yo fuese a quitarle la Fe. Yo quedó más desolada que nunca, con mi autoestima totalmente destruida y desesperanzada. Ese fue el tiempo para el cual se encargó de hacerme la vida más insoportable y dio instrucciones de que nadie me hablase. Mayor maltrato sufrí y un día desesperada y sin esperanza, decidí romper el secreto, sin romper el juramento, diciéndole a mi supervisora en contra de sus deseos de no escucharme, que un gran líder me hostigaba pero sin decirle quien era. Gracias a Dios lo hice, pues me libró del grupo al expulsarme. Así pude terminar con el martirio al que fui expuesta por tantos años, rompiendo el secreto. Ese es el primer paso.

Aunque me tomó 3 años, inicialmente, para sentirme preparada para solicitar ayuda, decidí finalmente ir en búsqueda de un sacerdote. Lo busqué yéndome a confesar y recibí gran ayuda. Obviamente, no bastó eso, pues tenía muchísimos traumas emocionales como consecuencia de los abusos; y me costaba mucho hablar sobre mi experiencia.

La recuperación de tanto daño me tomó 10 largos años; pero aunque hoy día estoy recuperada, y ya van más de 10 años, aún sufro de aterrorizantes pesadillas que me llevan a revivir los momentos de tortura que sufrí mientras era abusada sexualmente por aquél desquisiado criminal que aún muchas personas idolatran y la terrible desolación dentro de la cual me encontraba, sin tener alguna persona a la cual pudiese recurrir. Aquellos años de abuso fueron una tortura horrorizante y espantosa. Aún muy pocas personas lo podrían entender.

Las pesadillas es un factor biológico imposible de eliminar, pues es un resultante del recuerdo. Es resultado de la memoria. No puedo olvidar todo el daño que recibí. La tortura duró años de mi vida que me fueron robados, completamente perdidos y con un daño increíble. Pero aunque las pesadillas me despiertan en la madrugada, me levanto para darme cuenta de que todo ya pasó y vivo en la actualidad una vida muy feliz. He podido rehacer mi vida. Estoy felizmente casada, Dios me ha regalado una familia hermosísima.

Por encima de todo mantengo una ilusión y es poder ayudar a personas que están siendo maltratadas y abusadas sexualmente; quisiese que supiesen que pueden contar con mi comprensión, que pueden confiar en mí, porque no las juzgo, al contrario, las entiendo mejor que cualquier otra persona en el mundo; pues sufrí lo mismo que sufriste tú, si es que alguna víctima lee el relato de mi experiencia de abuso. Al día de hoy he podido ayudar a muchas víctimas a recuperarse. Y quiero decirles a todas que ustedes como seres humanos merecen ser respetadas, amadas y apreciadas por todos. Donde no hay respeto, comunicación, compasión, comprensión y aprecio, no hay amor ni existe el amor. Nosotros como hijos de Dios, tenemos el deber y la responsabilidad de hacernos respetar, valorar y todo el derecho de ser escuchados siempre. Este deber va de parte y parte. Todos los maltratantes acusan a uno de egoísta, convierten a uno en el verdugo, nos acusan de ser incapaces de sacrificarnos, o de que no podemos hacer otra cosa más que quejarnos y nos exigen que nos olvidemos de estar pensando siempre en uno mismo. Siempre nos hacen sentir que somos los malos de la película. De esa manera se justifican para seguir maltratando y abusando inhumanamente. Si estás sufriendo por causa de una persona que te humilla constantemente, busca ayuda, la persona que te hace sufrir no siente amor por ti. Tienes la obligación de protegerte, pues Dios te dio una vida valiosísima, que no la puedes arriesgar. No puedes permitir que otra persona la destruya, es tu deber protegerla. No haces bien al permitir que otra persona te insulte, te ofenda, te degrade y te haga sentir miserable. Dios quiere que seamos felices viviendo en un hogar cristiano donde reine la comunicación, el aprecio y el respeto; lo que constituye el verdadero amor. Quiere que sigamos el ejemplo de la Sagrada Familia. Eso es lo que quisiera gritarle a todas las víctimas de abuso y maltrato. Respetándose y valorándose es la única manera en que una víctima puede terminar con el ciclo del maltrato en que se encuentra encerrada. La primera responsabilidad que ustedes tienen ante Dios es de amarse y respetarse; y de reclamar AMOR Y RESPETO.


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Ultima edición por M.G. el Lun Jun 02, 2008 7:53 am; editado 3 veces
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saneless
Publicado: Sab May 31, 2008 3:55 pm Responder citando
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Te Felicito Myrna. Sé que este lugar le dará un espacio a muchas víctimas para compartir sus historias con otras sobrevivientes. Me alegro que seas feliz y estás realizada con una familia. Eso es esperanzador para quienes en "algún momento no crean que existe salida" ¡Si la hay !!



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M.G.
Publicado: Sab May 31, 2008 4:09 pm Responder citando
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Muchas gracias por tu apoyo, Saneless:

El que existe una esperanza es lo que quisiése gritarle a todas las personas que se sienten desesperanzadas, sin salida, como yo una vez me sentí, pensé hasta en el suicidio; eso es una verdadera locura. El amor de Dios es bien grande por nosotros, especialmente por los más abusados y maltratados. El desea profundamente nuestra felicidad y el que se nos trate con amor y gran respeto. Sencillamente lo que tenemos que hacer inicialmente es dar un paso y ese primer paso es precisamente darnos cuenta de ello, de que Dios desea que seamos felices y desea que salgamos de todo tipo de relación destructiva, que va dirigida a destruir nuestra estima y respeto tanto por nuestro cuerpo, como por nuestro espíritu.

El amor que Dios ha depositado en mi corazón es el que me hace sentir ganas de gritarles a todas las víctimas de abuso sexual y de todo tipo de maltrato, que por el gran amor que Dios siente por ellas, yo les amo también y les extiendo mi sincera amistad. love7

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saneless
Publicado: Sab May 31, 2008 4:16 pm Responder citando
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Saludos Myrna y Moderadoras:

¡Qué Dios les continue bendiciendo! Mi connección "fue hacked" el viernes y por el momento esto con dail-up, pero sabemos que el enemigo no se alegra de las cosas buenas de nuestro senor Cool Así que no le doy lugar en mi vida y aquí estoy en dial-up. Very Happy

Cariños,
Saneless


PD: Favor de arreglar mi falta de acentuación, aún no he instalado programas hasta que me reinstalen DSL.
Wink

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RevDrClaudette
Publicado: Sab May 31, 2008 4:25 pm Responder citando
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Bendiciones Amada Myrna...

Ciertamente eres una gran "guerrera sobreviviente hermosa", la cual será mas que compensada por el "Padre de los Cielos" por todo lo que haz tenido que vivir...

Cuando obedeciste cada demanda "demoniaca", de éste hombre cruel, poseído y despiadado, lo hiciste pensando que para Dios lo hacías. Y aunque para nada esto esta en relación con nuestro Creador, Dios Bueno y Justo... El vió tu corazón deseoso de agradarle y traerá justicia a tu vida y salud, tanto emocional como espiritual... "¡Lo verás!"

Nuestro Padre sabe responder a aquellos que le invocan, y que le invocan de veras...

Gracias por ser de ayuda, al exponer tu testimonio en estos medios, estás haciendo un trabajo de excelencia...

¡Adelante! En EL
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