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¿Cómo recuperarnos del abuso sexual?
By Sister Ave Clark O.P. | Marzo 23, 2008
COMO MANEJAR LA SITUACION.
Yo sobreviví el abuso sexual de mi personita el cual se me llevó a cabo en mi niñez. Pero los recuerdos de dicho abuso eran imprecisos, como sombras obscurecidas, sin definición ni claridad vividas. Y no fue hasta que tenía 43 años que las recordé. Mi espíritu había sido destrozado como vidrio que cae al piso en los años de mi niñez por la traición y agresión de un pariente. Cubrí yo todas mis angustias y desesperación con una fachada profesional competente y muy segura de sí. Pero cuando surgieron los recuerdos aterrorizantes, toda mi cordura se vino al suelo. A los 43 años me encontraba muy activa como monja ayudando a un sin número de personas con impedimentos físicos y emocionales. Era una servidora ultra-sensitiva a las necesidades de los demás, pero totalmente olvidada de mis necesidades. Trabajaba sin parar para así llenar todos los momentos del día con mi quehacer, de modo que no hubiera ni un segundo libre para encarar mi terrible y bien guardado secreto. Escondía mi indescriptible dolor detrás de la máscara de mi bondadosa sonrisa. Poco a poco se colapsó toda mi vida. Fui recluida en un hospital psiquiátrico por un año y medio. Allí comencé a recordar el huracán de horrores que se conoce por abuso sexual en la niñez. Aprendí a reconocer el dicho hecho en mi vida, y pude manifestar en voz alta: “A mí me violaron cuando niña. Me rompieron el corazón y me siento profundamente herida, defraudada y abandonada.” Junto a los cientos de miles de víctimas de abuso sexual en la infancia en mi país, voy a tumbos y a ciegas caminando por la vida adulta. A diario se tiene que luchar con los destrozos a largo plazo que ocasiona dicho terrible evento en nuestras vidas –la depresión, auto-estima baja, culpa, pesadillas, recuerdos del pasado, pánico a volver a ser atacada, fobias, problemas en las relaciones sexuales e interpersonales, impulsos suicidas, desórdenes de ansiedad, luego de un trauma severo. Esta última es una condición psiquiátrica que padecen las personas que han sobrevivido catástrofes extremas. Pequeños accidentes del diario vivir hacen a uno entrar en un estado de terror total –al oír cerrarse una puerta, al oler un cierto perfume, al toque de una mano desconocida en el hombro.
¿Qué hacer con tanta angustia?
Me angustia en sobremanera escribir sobre la violencia y la violación a la que fui sometida. Si tú que lees estas notas también has pasado por esta experiencia, entonces has sufrido un dolor imposible de soportar. Pero el Señor nos da el poder con su gracia y presencia en nuestras vidas de romper el terrible silencio y admitir en voz alta: “Yo fui violada (o). Y quiero volver a reclamar mi vida de forma nueva y saludable.”
1. HAY QUE ROMPER EL SILENCIO.
Muchas de las víctimas de abuso sexual bregan con el continuo horror que han experimentado entumeciendo sus sentimientos y borrando del consciente los recuerdos del mismo. Pero como adultos, es imprescindible que confrontemos nuestros corazones y mentes heridas. Ambos sobrevivieron debido al miedo y pánico sentidos reprimiendo el recuerdo de la terrible experiencia del abuso. Tenemos que aprender a recordar el abuso, admitirlo y recobrar nuestra silenciada voz para así narrar la historia de nuestros años de total amnesia.
Sin embargo, nada de esto lo podemos hacer solos y por nuestra cuenta. Necesitamos sentirnos acogidos y comprendidos por una tierna compasión humana, la cual es sanadora y trae consigo la liberación de nuestros más temidos miedos. Necesitamos la compañía de alguien o de muchos que venga salpicada de un sentido del humor, de bondad y de profunda reverencia hacia nuestra fragilizada personalidad.
Comparte tu historia dolorosa con alguien en quien tú confías, y que tú encuentras puede ser compañía como la descrita arriba. Puede que esta persona sea un profesional de ayuda compasivo, o alguien de tu comunidad de fe (tu iglesia), o un amigo maravilloso, o un miembro de tu familia, u otros sobrevivientes miembros de un grupo de apoyo. Tales personas nos pueden ayudar a abrazarnos a esas manifestaciones de nuestro inanerrable dolor que nos hace temblar al recoerdarlas. Tales personas honran nuestros sentimientos de pánico y asco profundos, nos sostienen cuando se nos hace imposible llevar nuestra cruz a solas, y nos aceptan tal y como somos.
2. DUELETE DE LO QUE PERDISTE.
Como niños a menudo escuchaste la advertencia de nuestros padres de que no les habláramos a personas que no conocíamos. Pero nadie nos advirtió que nos cuidáramos de nuestros mismos parientes, gente que convivía con nosotros o en quienes confiábamos en nuestra inocencia.
Como sobreviviente que somos del abuso sexual, tenemos que darnos permiso de condolernos por nuestra infancia malgastada, ofendida y perdida. Esta parte del proceso de sanar de nuestros terribles recuerdos puede ser una etapa sumamente atemorizante y sola. En pocas palabras significa llorar por la infancia que no tuvimos, además de recordar todo el horror que experimentamos. En aquellos devastadores momentos, nadie escuchó nuestro gritar ahogado y disminuido; nadie prestó atención alguna a nuestros esfuerzos por narrar lo que nos estaba sucediendo; nadie nos podía interpretar nuestras terribles pesadillas, ni los dolores de estómago que sentíamos, ni el continuo vomitar cuando salíamos con la familia de paseo. Y como resultado, nuestro espíritu se atrofió al tener que esconder el inmenso dolor vivido y pretender ante los demás que todo estaba bien. Ni uno mismo sabía cómo nos íbamos enloqueciendo.
Al permitirte condolerte y llorar por lo vivido, esto puede desatar un torrente de múltiples pérdidas; la pérdida de los recuerdos todos de la infancia al tratar de borrar los recuerdos del abuso que se experimentó; la pérdida de poder controlar tu propio cuerpo; la pérdida de sentimientos tales como el poder confiar en ti y en otros; la pérdida de poder establecer relaciones saludables con otros, ya que te aislaste de los demás para protegerte o por vergüenza de ti; y la pérdida de poder jugar y divertirte.
3. ACOGE Y MIMA TU NIÑO INTERIOR.
En el caso de los niños y niñas que han experimentado abuso sexual, entran de golpe al mundo de los adultos, en sus roles y deberes mucho antes de crecer. Debido a ésto tenemos que ir al pasado a redescubrir nuestro “niño(a) interior” que está dentro de nosotros, y darle a ese niño o niña el mimo y la acogida que le faltó. Conoce a tu niño(a) herido(a) y ámalo(a) y protégelo(a). Sé el papá/mamá para tu niño(a), y hazlo con mucho respeto, consuelo y amor.
Al establecer contacto con esta parte saludable e inocente tuya, aprenderás a amarte otra vez, ya que el evento del abuso sexual hizo que te rechazaras, culparas y despreciaras. Reconócete en todo lo que vales; y date todo el crédito posible por haber tenido la cría de sobrevivir al abuso que experimentaras. Contémplate como un ser bueno, santo y valiente.
Un buen terapista puede ser tu guía en este proceso de descubrirte a ti misma(o). De esta manera podrás resolver muchas de las dificultades de relaciones interpersonales y sexuales que surgieron en tu vida por dicho abuso sexual.
4. SE AMABLE CONTIGO SIEMPRE.
Una vez hayamos confrontado el abuso que experimentamos, entenderemos de una vez por todas que no tenemos que complacer a todo el mundo todo el tiempo. Tampoco tendremos que aparentar que todo está perfectamente bien. Podemos establecer límites y distancias con personas que nos atemorizan o deprimen. Y éstas pueden ser miembros de nuestras familias. Podemos ser asertivos en luchar por nuestros derechos, sin sentirnos obligados a aceptar todo lo que venga de los demás. Podemos llegar a convencernos por fin de que nuestros sentimientos son válidos y merecen el que les prestemos atención.
Al irte así empujando hacia adelante con paciencia y bondad, podrás entonces escoger hacer cosas sanadoras para ti, que te permitan celebrar todo lo bueno que hay en ti. Puedes llamar a una amistad tan solo para charlar un rato, para reír o para llorar juntos. Y creerás firmemente que tu amigo(a) te quiere y se preocupa por ti. Puedes escoger llevar a cabo actividades que te diviertan. Puedes hacer cosas por ti, como la de reservar todo un día tan sólo para ti, o ver una película, u obra de teatro o un concierto que te interese. Puedes comprarte un regalo tan solo para ti, no para complacer y alegrar a otros: una rosa, un osito, o aún una muñequita para apretar cuando te sientas solo(a). Así irás cancelando la deuda de abrazos y caricias no recibidas. Sé asertivo por tu propio bien, ya que te mereces todo lo bueno que la vida pueda darte.
5. PIDE QUE SE TE DEVUELVA LA VIDA.
Nosotros fuimos víctimas inocentes a las que se les hirió profundamente por medio del abuso sexual. Ninguno de nosotros es culpable ni merecedor de este insulto. Habrá momentos en que los recuerdos serán intolerables. Humanamente hablando puede que nunca el recuerdo del abuso se borre en su totalidad. Pero sí creo que podemos poco a poco aprender a abrazar nuestro dolor y así reconstruir nuestras vidas. Al compartir nuestro dolor con aquellos que también han experimentado el mismo, nos sanaremos unos a los otros.
Posiblemente llegará el momento increíble en que reconozcamos que nuestras heridas más profundas son el mejor regalo que cada uno de nosotros puede hacerle a nuestro mundo, que también sufre innumerables violaciones de todo tipo. De este modo estaremos contribuyendo a crear un mundo más compasivo y respetuoso de sí. Nos convertiremos en sanadores heridos para aquellos que en algún momento se atrevan a compartir sus penosos secretos. Estas personas, todas necesitan urgentemente nuestro apoyo, nuestro cuido y nuestro valor.
¡Anímate y hacia adelante!
Has iniciado la difícil tarea de hacerte algo más que tus heridas y recuerdos vergonzosos. El mero hecho de que estás luchando por esto, es indicativo de que tienes un espíritu, el cual no ha sido vencido ni se ha entregado a la desesperanza. Cree en dicha fortaleza de espíritu y en su capacidad para sanarse. Cree en que eres bueno(a) y también lo suficientemente valiente para tolerar los rigores del largo proceso de sanación en el que te has adentrado.
El recuperarte puede que te cueste mucha angustia, confusión, miedo, dudas sobre tu valía y remordimientos. Te sentirás a veces muy débil y vulnerable al darte cuenta que lo sufrido seguirá en tu vida adulta llenándote de mucho dolor emocional. El recomponer un corazón roto en pedazos y un espíritu fragmentado a veces te parecerá tarea apabullante y sin fin.
Aún así, cuando te sientas que no te dan las fuerzas para soportar un día más de vida, no te des por vencido. Ten paciencia y mucha Fe. Cuídate, consuélate y ten mucha compasión de ti mismo. Tu paciencia y fe en ti y en el Dios que no abandona nunca a sus más pobres serán premiadas, al descubrir poco a poco de que tú no tuviste la culpa, que no eres una persona indigna, que en verdad eres un maravilloso hijo(a) de Dios, un verdadero regalo y don para el mundo. Aprenderás a recobrar el regalo de la vida y celebrarás tu maravillosa belleza interior. Así encontrarás la fortaleza y el orgullo que debes sentir por haber sobrevivido tan valientemente.
Por Sister Ave Clark, O.P.
Topics: Abuso Sexual - Ayuda, Espiritual |
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